Desactivar la maldición

 

Existen tres cosas que desactivan la maldición:

  1. Acercarse con fe a Dios, creyendo que existe un Ser Supremo. Usted debe saber que Él existe, que es amor, que es Verdadero y que quiere lo mejor para sus hijos. Porque sin fe es imposible agradar a Dios, y el que se le acerca debe creer que Él existe.
  2. Comprender profundamente que el deseo de Dios es bendecirlo y prosperarlo. Por lo tanto, no debe pelear con Él. Dios desea su bendición, su salud, su prosperidad, su unión matrimonial. Debe convencerse cada día que ese es el profundo deseo de Dios. Sepa que el primero que deseó no fue usted, sino Dios, por esa razón creó el Paraíso para el hombre y la mujer. Y cuando el hombre fracasa en el plan divino, continúa latente el proceso de Dios en él. Por eso envió a Jesucristo para cumplir con Su deseo y así restablecer el plan original.
  3. Enfrentar la maldición. Porque si usted huye de ella, por más pequeña que sea, si no la enfrenta, lo alcanzará y lo vencerá. Hay que ponerse cara a cara con la maldición, porque huir de ella hace que miremos para atrás. Debemos enfrentarla porque tenemos el poder para detenerla. Esto se llama acción. Debemos advertir en qué área necesitamos enfrentarla. Porque en Cristo todo lo podemos. No siempre hemos enfrentado la maldición; muchas veces nos defendimos de ella. No basta con escondernos de la maldición, debemos tomar una actitud ofensiva. El defendernos no agrada a Dios, porque Él quiere que aniquilemos la maldición, ya que no proviene de Él. Caín no enfrentó la maldición, sino que le propició su ascenso. Si usted nota algún ascenso de maldición en su vida hoy, no huya más y párese firme ante ella.

Muchas personas no supieron enfrentar la maldición de su enfermedad y terminaron muriendo porque no se defendieron de ella, no pelearon en su contra. Si conoce gente cristiana que fracasó frente a la maldición, debe comprender que esa persona nunca peleó contra la maldición, sólo se defendió de ella.
En Cristo no podemos ser defensivos, sino ofensivos. La Biblia dice que el Reino de los Cielos es de los valientes, y los violentos lo arrebatan. La violencia espiritual, la acción espiritual, por más pequeña que sea, frena la maldición. Dios lo llamó a usted para bendición.