fe

 

Fe y no incredulidad

Leemos en Hebreos 4:1-2:

“Temamos, pues, no sea que permaneciendo aún la promesa de entrar en su reposo, alguno de vosotros parezca no haberlo alcanzado.
Porque también a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva como a ellos; pero no les aprovechó el oír la Palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron.”

A Jesús lo asombraban dos cosas:

  • La fe
  • La incredulidad

La duda es más tolerable que la incredulidad, porque la incredulidad significa rebelarse, oponerse a creer. Es despreciar el testimonio de veracidad de la Palabra y adjudicar valor de verdad a las corrientes de este mundo, persistiendo en vivir conforme a ellas. Muchos milagros son detenidos porque la gente se rebela a creer, esto es lo contrario a la fe.
Tiene que tener fe, establecer la Palabra de Dios en su vida, ser creyente en sus promesas, en su poder, en sus anhelos. No se rebele a creer, porque aunque usted siempre tendrá libertad de elección, el Señor le indica el camino que le conviene: “…Os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia” dice Deuteronomio 30:19.

Pero, ¿cómo tener fe?

“Así que la fe es por el oír, y el oír, por la Palabra de Dios”. (Romanos 10:17)

¿Dónde puede usted oír la palabra de Dios?

“Mas ¿Qué dice? Cerca de ti está la Palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la Palabra de fe que predicamos.”  (Romanos 10:8))

Usted está teniendo fe para usted mismo cuando confiesa con sus labios la Palabra que ha establecido en su corazón, la Palabra que ha recibido, que ha aceptado: “Dios me quiere sano”, “Él sana a todos”.

El médico puede decir que la enfermedad que usted padece no tiene cura, pero lo que usted confiesa acerca de ello es más importante. Una reciente teoría denominada Neurolingüística se ocupa de explicar el efecto que tienen sobre nuestra vida nuestras interpretaciones de la realidad. Estas interpretaciones generan modelos mentales sostenidos por pensamientos, los pensamientos a su vez se conforman por palabras. En una incompleta síntesis acerca del tema que es extenso, podría decirse que “el discurso que nos decimos a nosotros mismos acerca de nuestras circunstancias afecta el cómo las enfrentamos y por lo tanto afectan nuestra vida”.

En el caso de la sanidad, lo que nos digamos a nosotros mismos acerca de la enfermedad que nos han diagnosticado afectará nuestro cuerpo, especialmente nuestro sistema inmunológico que es el encargado de repeler las enfermedades. O la supera o sucumbe ante ella. La fe para usted va a venir por la confesión que haga, de lo que usted oiga de su propia boca. O confiesa que ciertamente morirá porque le han dicho que es incurable, o confiesa que Dios puede y quiere sanarlo y vivirá.

Jesús dijo: “Si ustedes permanecen en mí y mi Palabra permanece en ustedes pidan todo lo que quieran y será hecho”.
La vida viene de hablar la Palabra, hay mucha gente que lleva la Biblia de acá para allá, pero los versos divinos tienen que estar en su corazón, establecidos, fundamentados y liberados en su boca. La Palabra de Dios no tiene que permanecer en este libro, sino que tiene que permanecer en usted.
 
Declare: lo que dice en Isaías 53:4

“Ciertamente llevo el nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros lo tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido”.

 

 

Pastor Alfredo Dimiro

 

NUEVAS ENSEÑANZAS "Permaneciendo ubicados en el camino" PARTE UNO Y DOS - LEER -

(ESPECIAL para líderes)

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