Actitud frente a los hijos

 

La mujer que conoce a Dios y se mantiene conectada a la Palabra es la mujer sabia que edifica a su familia. Adopta material de revelación, toma luz. No se deja llevar por tradiciones religiosas ni dogmáticas.
  Es importante y decisivo que encuentre claridad en la palabra porque sino tendrá que liderar con el estado de impotencia que aqueja a, muchas que dicen  no puedo con mis hijos”, “no con mi casa”.
                    ¡Eso es mentira!
 
     Si fuera cierto, entonces Dios habría mentido al decir que la mujer tiene poder y que en la familia ella es el potencial de fe.
    Con todo esto no pretendemos promover un matriarcado, sino orientar sabiamente la influencia, que ya existe, sobre los componentes de la familia, para que crezcan en libertad y prósperos.
    La familia está determinada a prosperar por la influencia espiritual de la madre.
   Hoy vivimos con una idea de “libertad” equivocada, donde los hijos hacen lo que quieren y eso no es lo establecido por Dios.
   Es verdad que toda persona es responsable por el resultado de las decisiones que toma en su libre albedrío y voluntad, y que un día tendremos que soltar a nuestros hijos para que tomen sus propias decisiones y se responsabilicen de ellas, pero mientras están con nosotros, nosotros somos los que decidimos, manejándonos con la autoridad de la Palabra de Dios, que nos habilita a corregirlos y disciplinarlos.
   Hay personas que soltaron a sus hijos antes de tiempo. Mientras los hijos están en casa deben acatar lo que dicen los padres siempre que haga con respeto amor, explicando y haciéndoles ver sus errores y conveniencias basándose en lo que la Palabra dice al respecto.
   Dios tiene un tiempo correcto para todas las cosas. Obedecer a los padres no es un mandamiento abusivo, sino una actitud sabia, porque ellos están aconsejados por el Supremo Padre Espiritual que es Dios.
   Algunos hijos están en maldición porque sus padres se han dejado dominar por ellos, cuando nunca debería ser así.
   Hoy es un nuevo día, una nueva revelación, ¡podemos recomenzar! Lo que les paso a  nuestros padres no tiene porque sucedernos a nosotros.