Sin pasión no hay éxito

 

Hace algún tiempo leí la historia de un niño que no tenía brazos. Cada día miraba una piscina cercana a su casa, y veía a los niños saltar y jugar en el agua. Ese era su sueño, poder nadar. Pero una limitación que era evidente le impedía hacerlo. En una oportunidad buscó a un entrenador de natación y le dijo que quería nadar, y que se tiraría a la piscina a una profundidad de cuatro metros. El entrenador asombrado, y con un dejo de lástima, le contestó: “No puedes hacerlo”. A lo que el niño solo respondió: “Yo puedo”.

Esta es una historia verídica, Isaac hoy es un joven nadador que ganó cuatro medallas de oro. Aunque él no tiene brazos, compite el trayecto con personas sin discapacidad alguna. En ese relato Isaac declara que le molesta que lo llamen inválido porque no lo es. Él logró alcanzar sus metas sin tener brazos, y muchos de los que los tienen, no hacen nada. ¡Eso es PASIÓN!
Aunque Isaac era muy pequeño cuando comenzó a nadar, le preguntaron cómo estaba tan decidido, desde esa tierna edad, a lograr sus objetivos. Su respuesta fue: “Desde pequeño mi madre siempre me dijo que lo que yo quisiera llegar a ser podía lograrlo”.

Esta tremenda historia pertenece a una familia que no conocía a Cristo como su Salvador personal. Es que esta pasión funciona tanto para el cristiano como para el que no lo es. Hay personas en el mundo que no tienen a Cristo y que han llegado a esferas elevadas dentro de un nivel social y económico. No sé si esas personas irán al cielo, pero que aquí en la tierra han llegado lejos, esto es inobjetable. Algunos dicen: “A mí me interesa ir al cielo y no me importa nada de lo que hay en la Tierra”. Como cristianos debemos saber que, además de ir al cielo con Cristo, puedo llegar muy alto en otras áreas de la vida también, porque Cristo vive hoy en mi corazón.